ÁNGEL DE CÁCERES EXPONDRÁ EN CÓRDOBA SU COLECCIÓN «EL TIEMPO MEDIDO»

1El pintor Ángel de Cáceres García inaugurará el próximo día 17 de enero en la Fundación Cajasol de Córdoba, en la Ronda de los Tejares, una exposición individual titulada «El tiempo medido». El artista mostrará 18 piezas realizadas entre los años 2014 y 2016, y en algunos casos inéditas. El público que se acerque a la exposición podrá disfrutar de pinturas realizadas en pastel sobre papel, en distintos formatos, que estarán distribuidos en la céntrica sala de exposición de esta ciudad milenaria .

2Para el pintor, residente en Sanlúcar la Mayor, es todo un lujo poder presentar esta primera colección es su ciudad natal, ya que es la suma de muchísimo trabajo, y a la vez, una buena oportunidad para darlo a conocer; de hecho, próximamente tiene previsto exponer en Sevilla y Madrid. De Cáceres se muestra entusiasmado por ser este acontecimiento para él todo un símbolo y agradece a sus seres más queridos y a todos los que han formado de alguna manera parte de «este sueño», el cariño y el apoyo recibido.

3La exposición de Ángel de Cáceres, estará visible en la Fundación Cajasol de Córdoba, desde el martes, 17 de enero, hasta el miércoles, 1 de febrero, de lunes a sábados de 11’00 a 14’00 h y de 18’00 a 21’00 h y los domingos de 11’00 a 14’00 h.
José Luis Sánchez Lora, profesor de la Universidad de Huelva, ha sido el encargado de presentar a través de las siguientes líneas, la colección «El tiempo medido», definiéndola al detalle. Pasen y lean, vean, o simplemente ¡déjense deleitar!

PRESENTACIÓN «EL TIEMPO MEDIDO»

«Entrar en el estudio de Ángel de Cáceres es como hacerlo en la gruta de las Ninfas Náyades, donde Ulises escondió sus tesoros, y donde éstas viven una existencia inmortal, libres de vejez; y es que en «El Tiempo Medido», pasan las horas del día, los días de la semana, las estaciones del año, y sin embargo… sin embargo, el tiempo, destructor por naturaleza, no afecta un ápice a la belleza. Aquí «tiempo» no significa antes o después, no corroe, no muda, aquí «tiempo» o «tiempos» no es más que instantes diferentes de la belleza, una vibración de la luz, un ademán, un gesto, una brisa presentida. Solo hay una nota que marca el fluir del tiempo, pero no toca a las figuras: flores silvestres en primavera, lotos en verano, en otoño hojas secas, y vacío en invierno, mientras la hermosura -como decían los clásicos- queda intacta, ajena a lo temporal, a la naturaleza, a la carnalidad.

4El porqué sea así es algo que se comprende con tan sólo mirar uno de estos cuadros. Si la belleza escapa de la muerte y la vejez, es porque lo que está medido no es el tiempo sino la belleza misma, lo que significa que rige armonía, a tal punto que es esa armonía lo que acaricia de inmediato el ojo y el ánimo del espectador, no las solas figuras, las formas en sí, que pasarían a ser metáfora de otras cosas, y así lo pintado trasciende a lo pintado. Ángel de Cáceres pinta lo que no se ve, pero se ve, porque la armonía no se ve pero inunda el ánimo de un «no sé qué» que diría San Juan de la Cruz.

Definir la armonía es tanto como pretender definir lo absoluto, de ahí que siempre se recurra a la metáfora, y a lo que está sobre los sentidos. Alcanzado este punto en la contemplación de «El Tiempo Medido», me retiro y dejo paso a quienes sabrán decirlo mejor que yo. Como escribió Leonardo: «La Pintura es una Poesía muda, y la Poesía es una Pintura ciega», sean pues los poetas los que hablen con los cuadros. Sin duda Fray Luis de León puede poner mucha voz a estos cuadros. ¿Qué es armonía? Cuando escucha al músico Francisco de Salinas, dice no lo que sea la armonía, igual que yo no lo sé decir delante de los cuadros de Ángel, sino sencillamente que «El aire se serena/ y viste de hermosura y luz no usada…» entonces el alma, o si se quiere el ánimo, se eleva, «traspasa el aire todo/… Aquí la alma navega/ por un mar de dulzura, y finalmente/ en él ansí se anega/ que ningún accidente/ extraño y peregrino oye y siente». Pero la música de Salinas es capaz de producir tal efecto en tanto consiga acercarse a la música absoluta, al «son sagrado», digamos Dios o digamos la Idea platónica, llegando así «a la más alta esfera,/ y oye allí otro modo/ de no perecedera/ música, que es la fuente y la primera». San Juan de la Cruz aprieta más y llega a la suprema armonía con «La noche sosegada/ en par de los levantes de la aurora/ la música callada,/ la soledad sonora». Cuentan de él que le gustaba salir al campo de noche y hablar de la hermosura del cielo «y otras cosas de la armonía de los cielos y música que hacen grandísima con sus movimientos». Pero es música callada para los sentidos; se aprecia únicamente porque anega el ánimo en ese «mar de dulzura» de Fray Luis.

5Mirando el cuadro «MEDIODÍA» cómo no recordar el «Cántico Espiritual»: «De flores y esmeraldas,/ en las frescas mañanas escogidas,/ haremos las guirnaldas,/ en tu amor floridas/ y en un cabello mío entretejidas». Y en «EL TIEMPO DORMIDO»: «En sólo aquel cabello/ que en mi cuello volar consideraste,/ mirástele en mi cuello,/ y en él preso quedaste,/ y en uno de mis ojos te llagaste». Sea «LA TARDE», o la «NOCHE», nadie mejor para decirlo que Garcilaso: «En tanto que de rosa y d’azucena/ se muestra la color en vuestro gesto,/ y que vuestro mirar ardiente, honesto,/ con clara luz la tempestad serena/y en tanto qu’el cabello, qu’en la vena/ del oro s’escogió, con vuelo presto/ por el hermoso cuello blanco, enhiesto,/ el viento mueve, esparce y desordena». Y San Juan de la Cruz en «Noche Oscura»: «El aire del almena/ cuando yo sus cabellos esparcía,/ con su mano serena/ en mi cuello hería/ y todos mis sentidos suspendía». En «LA LLEGADA DE LA PRIMAVERA», nos vuelve a acompañar Fray Luis, como Virgilio a Dante: «Inmensa hermosura/ aquí se muestra toda, y resplandece/ clarísima luz pura/ que jamás anochece;/ eterna primavera aquí florece. ¡Oh campos verdaderos!/ ¡Oh prados, con verdad frescos y amenos!» Y nos conduce a «EL VERANO DE LAS NINFAS»: «Reposo dulce, alegra, reposado/ … en gozo, en paz, en luz no corrompida».

6Y es que al cabo, lo que subyace en la pintura de Ángel de Cáceres, eso que llamamos armonía, es un soplo o alma divina, o la Idea Platónica, sea ello lo que fuere, «En velo/ de femiles miembros encerrada». Lo podemos decir con palabras de Marsilio Ficino: «Que la belleza es cierta gracia vivaz y espiritual. Y esta gracia se infunde por el rayo divino». Por eso ese rayo de hermosura vence a la muerte. Si no fuera así, tendríamos que poner frente a estos cuadros a los poetas barrocos, poetas del desengaño que agónicamente tratan de aferrarse al «carpe diem» de Góngora: «Goza cuello, cabeza, labio y frente,/ antes que lo que fue en tu edad dorada/ oro, lilio, clavel, cristal luciente,/ no sólo en plata o víola troncada/ se vuelvan más tú y ello juntamente/ en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada».

Así las cosas, Fernández de Andrada, en la «Epístola Moral a Fabio», escapa a otro ámbito no corruptible: «Ya dulce amigo, huyo y me retiro/ de cuanto simple amé; rompí los lazos./ Ven y verás al alto fin que aspiro,/ antes que el tiempo muera en nuestros brazos».

He visto la obra de Ángel de Cáceres y he sabido a qué alto fin aspira, lo sé porque recuerdo cómo vino a mi memoria, la primera vez que contemplé sus cuadros, la Oda de Handel sobre un poema de Ambrose Philips: «Eterna fuente de Luz Divina, con redoblada calidez despliega tus rayos, y con distinguida gloria resplandeces para añadir fulgor a este día».

-Texto: José Luis Sánchez Lora, Universidad de Huelva. Noviembre, 2016.

Enlace a vídeo de la exposición «El tiempo medido»: https://youtu.be/4sLQgVJVfl8

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